martes, 15 de marzo de 2011

Voy a tener los globos del cielo en esta noche. Resbalaré hasta explosionar entre tus montes.

Juliana lleva durmiendo casi siete horas y no parece dispuesta a despertar aún. Me hago a un lado para tomar una bocanada de aire y me sepulto de nuevo entre sus tetas, que son las más grandes que haya podido tocar en mi casi inexistente vida sexual. Tener mi rostro perdido entre la tibieza de esos pechos es casi como haber rellenado mi cerebro con ansiolíticos y vino. Su epidermis pectoral posee un olor a perfume caro mezclado con sudor que me mantiene en una erección perpetua. De hecho, la he penetrado cuatro veces más, luego de que se hubiera dormido y la calidez de su interior sólo me ha confirmado que sería la mujer perfecta, de no ser tan estúpida y tan fea. ¡Es que es demasiado tonta! Lo sabemos todos. Claro, menos ella. Y no es que sea ignorante o superficial, pues ha leído mucho más que casi todos los que conozco y no es extraño verla inmersa en feroces discusiones políticas. Sólo que su cerebro funciona como una esponja:
Absorbe todo el conocimiento posible y lo expulsa verbalmente sin siquiera digerirlo, repite las frases de manera exacta a como las ha leído. Se apropia con vehemencia de conceptos ajenos y no tiene más que bibliografía para defenderlos.

Con respecto a su belleza, debo decir que es el depósito artesanal de un par de tetas de alta tecnología. Todo en ella parece un poco fuera de lugar -demasiado asimétrico quizás-. Todos sus genes parecen haberse concentrado en crear el par de recipientes mamarios más perfectos en la historia de la humanidad, y -por ello- no han podido resistir el titánico esfuerzo de crear -además- un rostro con cierta regularidad en sus formas.

De cualquier manera, Juliana es mi amiga, y así no lo fuera, la cercanía de sus rosados pezones me brinda esa tranquilidad adictiva que haría que me casara con ella si me lo pidiera. Claro que no lo hará; pues, más que un príncipe azul, soy una cucaracha para ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada